
Sí, amigos, no hay frase más cierta que la que me dijeron una vez (demasiado tarde, además, porque ya había perdido muchas copias): "Hay dos clases de idiotas en este mundo: los que prestan los discos y los que los devuelven". Con este panorama, a veces me acerco a las estanterías de los discos con los dedos cruzados y una ceja levantada porque, debido al orden casi enfermizo que impera en mi pequeño apartamento (y que, entre otras cosas, me obliga a mantener mi decente colección ordenada alfabéticamente), si algo no está en su sitio es porque no está.
Y aquí empieza la jarana:
. Una vez salí con una chica que se enfadó mucho conmigo y no volví a ver. Se llevó unos cuantos discos que, por no apuntarlos, nunca supe exactamente cuáles fueron. Lo de la chica me dolió, pero la sensación de haber perdido algunas cosas complicadas de encontrar no se quedó muy atrás. Todavía no sé si los he recuperado todos con el tiempo. Al menos los de Nick Cave sí. Desde entonces siempre apunto a quién le presto discos.
. Nunca presto discos en vinilo, para que no haya error.
. Después de mi cuarta mudanza, empecé a notar que me faltaban discos y que aparecían otros que en mi vida había visto. Al parecer es un fenómeno que se da en muchas mudanzas, pero experimentarlo en primera persona es fuerte. Nunca supe por qué tenía de pronto tres recopilatorios diferentes de Los Chichos y por qué Real Gone de Tom Waits no aparecía por ningún sitio.
. Un día apareció un disco, sin caja, de The Black Heart Procession en una torre de cedés. Yo nunca he comprado ese disco.
. Hace días que echo de menos El mundo según de Sr. Chinarro yLa leyenda del espacio de Los Planetas. Sé que se los he prestado a alguien cercano (no hay mucha gente que venga a mi casa, la verdad), pero todavía no ha aparecido. Ni él/ella ni los discos.
. Hay discos que cambian de lugar por arte de magia: un día están en su sitio (en la M, por ejemplo), y otro día aparecen en la J. Son muy caprichosos.
. Después de una cena con más de 10 excompañeros de facultad desapareció el dvd en directo de Amy Winehouse, que lo tenía sin abrir. No soy de acusar, así que acabé pensando que lo habría tirado por error junto con toda la basura, que al día siguiente lo cubría todo.
. Hay veces que he llegado a comprar discos que ya tenía y que pensé que nunca más iba a recuperar y al cabo de los días, venir alguien y devolverme la copia antigua. Siempre, en ese caso, el que tenía el disco prestado se acaba llevando la copia nueva.
En general, creo que dejaré de prestar discos.
servido por un-disco-al-dia
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Sello: Beggars Banquet
Dsitribuición en España: Everlasting
Fecha de edición: 24 de septiembre
Formato: CD
3,5/10
Una cosa vaya por delante: me voy a cargar el disco de Devastations porque no me gusta la música que han grabado para su tercer trabajo. Sin embargo, siempre me han gustado los grupos que no se ciñen a un guión, que no tienen miedo a investigar dentro y fuera de sus propias intenciones y que tratan de grabar lo que les motive en ese momento. En este punto, volveré a insistir: no es que no me guste que Devastations hayan cambiado de estilo, no. Es que no me gusta la música que encierra su tercer disco.
La historia en dos tres pinceladas: Devastations son tres tipos de Australia que crecieron al amparo de papá (Nick) Cave y que grabaron un disco de debut homónimo (2003) que no se alejaba demasiado de lo que hacen Cave y sus Bad Seeds; que luego sacaron otro disco, Coal (2005), que era más tirando a Black Heart Procession; que se fueron del continente de los canguros a vivir su lado más beatnik a ciudades como Berlín o Londres y que dan el pego en las fotos (entiéndase: pantalones de pitillo, bigotes de los de ahora, sombreros ocasionales y cuero y botas de números muy grandes, que son las que acojonan un poco). Todo correcto.
Y resulta que Devastations son de los juguetones, de los que no tienen miedo a intentar cualquier cosa. De los que interesan, vamos.
Y aquí empieza el problema: para este tercer disco se ve que debieron escuchar mucha música disco de principios de los años 80 (más que nada porque lo pone en su web) y se vieron cegados por los sintetizadores antiguos. Algo que dice mucho a su favor es que no hayan intentado hacer un disco de baile, sino de sexo. Me explico: Devastations y Coal eran vacío, corazones rotos, camas sin hacer, cocinas sucias y pelos grasientos. Rock, vamos.
Sin embargo, Yes, U, es puro vicio. Es piel, lametazos en el cuello, lencería ni muy barata ni muy cara, y algún que otro bofetón de esos que uno ve que se dan en las películas guarrillas. Pero Yes, U, al contrario de lo que pudiera indicar, es bastante bajón. ¿Por qué? Pues porque se queda a medias de todo. Han querido reivindicar un sonido, pero sin creérselo demasiado. Resultado: de las 10 canciones, 7 acaban sonando a la peor época de Pink Floyd. La de la reunión de los 90, la del disco Division Bell. Y ya lo digo: escuché mucho Division Bell cuando alguien me dijo que de Pink Flyd molaban todos los discos. Es decir, que sé de lo que hablo. Vale.
El caso es que Yes, U me gustó cuando lo puse un par de veces de fondo y no le presté atención. Leí mal la nota de prensa y pensé que estaba grabado por el tipo de Blonde Redhead (al final sólo está mezclado por uno que también ha mezclado a Blonde Redhead) y me pareció que incluso se daban un aire en las canciones más ambientales, más pomposas. Y quizás ese es el truco: que es un disco para distraídos. Así que, bueno, puede que incluso quede guay poner el disco de Devastations de fondo en cualquier cena con gente que se hace la interesante (quién sabe, hay cosas muchísimo peores), pero lo cierto es que no nos gusta.
1. Black Ice. Aquí es cuando empieza a oler a Pink Floyd de la época ya mencionada por todos los rincones. Eso sí, sin punteos de 8 minutos (gracias, de verdad). Si quisieran inventar una etiqueta, supongo que sería la de lounge-rock.
Comentario aparte la tipa que hace coros. Yo me quedé 2 minutos con las cejar arqueadas. ¿Desacertado? Bastante.
2. Oh Me, Oh My. Esta canción es de una frialdad que tira de espaldas. Adjetivos que se me vienen a la cabeza: sexy, matemático, limpio, artificial. Bajonazo. Además, ésta sí que dura 8 minutos.
3. Rosa. ¡Hombre, esto se anima! Nuevo sonido, idénticas estrategias. Aquí sí se reconoce a los Devastations de antes. Los que se te plantaban a un palmo de la cara y te escupían una descarga de mala baba redentora que te dejaba nuevo. Distorsión de la de verdad.
4. The Pest. Cuando te haces ilusiones, te vuelven a clavar el rejón. Ahora ya dejan atrás a Pink Floyd y se ponen en plan Air pero como diez veces más sosos. Hay una cosa que mola y es que esta canción está cantada como si fuera una canción acústica, de forma muy sutil.
5. As Sparks Fly Upwards. De mal en peor. Esta canción hace que Air parezcan The Clash. ¿Por qué cojones tocan de esta forma? ¿Qué coño han comido en Berlín?
6. Mistakes. Tiene guasa que la única canción sólida de todo el disco se llame "Errores". Esto, más acelerado y con más distorsión, lo podría estar cantando perfectamente Josh Homme de Queens of the Stone Age.
7. The Face of Love. Más teclado acolchado a lo Pink Floyd que tanto crispa. Lionel Ritchie también abusa de esta clase de sonido. Más coros desafortunados.
8. An Avalanche of Stars. Otra vez Pink Floyd sin punteos.
9. The Saddest Sound. Al fin le hacen el boca a boca al espíritu de Nick Cave y lo cuelan en la penúltima canción del disco para que le dé un poco de dignidad a todo esto. Sin teclados y sin batería, la canción se defiende a la perfección con una sola guitarra y una melodía de voz preciosa.
10. Misericordia. ¿Qué puede haber peor que acabar un disco desacertado con una canción instrumental, con nombre algo manido y con una melodía y una intención que no va a ningún sitio?
*Nota: Aún así, me fastidia tener que perderme el concierto que darán en 15 días en Madrid porque, insisto por tercera vez, creo que Devastations es el típico grupo del que siempre se sacan cosas positivas.
servido por un-disco-al-dia
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