Leyendo en el metro cosas que se parecen a la verdad.
Ya dije el otro día que pensaba en retomar esto. Y lo dije en serio.
El caso es que desde que tengo mi moto estropeada, cojo mucho el metro. Y casi siempre voy leyendo (a no ser que tenga que escuchar algo en el iPod porque tenga que hacer alguna crítica para alguno de los sitios donde todavía me dejan escribir).
Estoy terminando (muy a mi pesar) uno de los libros que más me ha gustado de los últimos tiempos, Los ejércitos de la noche de Norman Mailer (1968), y, sin tener nada que ver, llegué a un párrafo en el que, de pronto, parecía que Mailer hablaba de lo que pienso exactamente que es muchas veces la música e incluso este blog. Como soy así de memo, lo voy a copiar entero:
"Había -como en muchas familias de clase media- un exceso pequeñoburgués de verbalidad compulsiva, un extraordinario amor por el debate en los mítines. Así como la familia se presta a una vigorosa aunque estéril rueda retórica en la que cada miembro -si la familia es lo bastante desdichada- ocupa la tribuna durante diez minutos para expresar sus puntos de vista, resentimientos, sufrimientos íntimos y sacrificios, así la izquierda se entregó a la división interna durante aquel período profundamente infeliz para la izquierda; (...)".
Cambiando algunas palabras como "izquierda" por "escena musical", lo tenemos.
La verdad, puede que todo esto no sea más que un lujo pequeñoburgués y que las canciones no sean más que una tribuna que ocupar durante diez minutos. Puede que el mundo no cambie ni un milímetro. Puede, incluso, que el mundo fuera mejor sin nosotros.
Pero algo tendremos que hacer mientras estemos aquí.
