La Coctelera

Categoría: T

Sobre los tatuajes de letras chinas

Llevo años cocinando a fuego lento mi estupor, pero de un tiempo a esta parte tengo el caldero a rebosar. Sólo lo diré una vez: los tatuajes de letras chinas son lo puto peor. ¿Pero qué coño? ¿Pero quién en su sano juicio se tatúa de por vida unos símbolos cuyo significado desconoce? ¿Qué persona con dos dedos de frente confía en lo que le diga el tipo o la tipa que le está tatuando esos caracteres asiáticos, cuando además lo más probable es que el tatuador o la tatuadora sea tan español y sepa lo mismo de caracteres chinos que cualquier ciudadano medio de a pie?

Ojalá en este brazo ponga en realidad: "Soy gilipollas integral y más feo que un cardo". Entonces sí sería divertido.

La partida de Risk: por favor, no.

Estoy trabajando en el salón de casa de A. Es algo que hago a veces. Aquí las paredes son finísimas y arriba vive una azafata de compañía aérea que de vez en cuando viene con el sueño cambiado, sin duda víctima de un desajuste laboral que debe de andar rozando la ley (por debajo). Y el caso es que cuando llega a su casa y le dan tres o cuatro días libres, la chica se crece y pone su equipo de música a toda pera, hasta tal punto que si quiero escuchar algo en el ordenador, se me hace imposible hacerlo sin cascos.
Bien, pues hoy la señorita azafata del piso de arriba ha puesto 3 veces seguidas esa infame canción del no menos infame cantautor madrileño Tontxu (ahora que escribo el nombre y me acuerdo de su maxilar inferior, imagino que algún antepasado vasco ya tendrá), La partida de Risk.
Y yo, con esta superioridad moral de pacotilla que da el tener discos molones y el leer libros molones pienso: "¿Pero cómo es que alguien puede disfrutar con semejante mierda?". Y voy mucho más allá: "¿No le dará vergüenza poner justamente esa canción a toda hostia en su aparato?".
No sé quién es más cabrón: si el que compuso la canción o el que disfruta con ella.
Anda bonita, que te has lucido.

TWO GALLANTS. Two Gallants

Sello: Saddle Creek
Dsitribuición en España: Everlasting
Fecha de edición: 8 de octubre
Formato: CD

8,5/10

Hay algo en estos dos chavales de Two Gallants que lleva a adorarles: son jóvenes pero tocan guitarras antiguas, eran los tontos de la clase y ahora los que les daban collejas compran sus discos y hacen canciones raquíticas que contienen una fuerza apabullante.
Están de moda los dúos, eso es evidente. Nombres hay miles, desde White Stripes, Xiu Xiu o recientemente Micah P. Hinson por ahí fuera hasta Humbert Humbert o Grabba Grabba Tape por aquí dentro. (Incluso The Secret Society hemos tocado decenas de veces siendo sólo Andrés Perruca y un servidor). Ahora mola no llevar bajo, no llevar teclados, no llevar nada. Sólo un batería chiflado y una guitarra hecha mierda. Y es necesario, como en todas las modas, separar el grano de la paja. Para ello, hay que establecer un estándar y, ¿por qué no tomar a Two Gallants como tal?
Adam Stephen (voz, guitarras y armónica) y Tayson Vogel (batería y voces) llevan grabando discos desde 2002, pero son amigos desde que llevaban pantalones cortos al colegio. Juntos han conseguido crear un espacio propio, un contexto único y una imagen con la que es fácil identificarse: gente normal que ha conseguido causar cierto revuelo sin querer, gracias a su capacidad para pensar y tocar diferente.
En sus canciones están todos los secretos de la música que importa: belleza, actitud y realidad, entendiendo por esta última la imprecisión, los errores no forzados, la tensión del momento, el fondo antes que la forma. Por eso sus discos, sus melodías, son como las polaroids: representan un momento, invariables, algo que sucedió y no se puede alterar. Y cambian, claro, en cada concierto. Y se convierten en otra cosa.
Y quizás esa sea la razón por la que Two Gallants es un grupo tan vivo, tan activo. Por eso giran 10 meses al año. Por eso sacan discos y epés sin cesar (esta es su cuarta referencia en menos de 5 años). Y por eso son de las bandas que requieren un esfuerzo por parte del oyente. Eso sí: el que se atreva, habrá encontrado oro puro en donde el Gobierno sólo pensaba que había arena.
Si uno pone este disco en su cacharro, acabará embobado con la capacidad de estos dos veinteañeros a la hora de mezclar folk de tierra mojada, blues del que huele a casa abandonada, punk de sótano húmedo, melodías clásicas, ninguna pose, ritmos descuajeringados y aordes sucísimos. Porque al final resulta que lo pequeño, lo que nadie veía por estar bajo tierra, es lo que encierra más belleza.

1. The deader. Lo primero que realmente sorprende: que este disco esté producido por Alex Newport (los que fueron heavies se acordarán: miembro de Fudge Tunnel y Nailbom -este junto a Max Cavalera, que nunca debió abandonar Sepultura y productor de bandas como The Locust, Tiny Telephone o cien mil millones más). La melodía es de las sesenteras.
2. Miss meri.
3. The hand that held me down.

4. Trembling of the rose.

5. Reflections of the marionette.

6. Ribbons round my tongue.

7. Despite what you've been told.

8. Fly low carrion crow. Mi canción favorita del disco es la que tiene un aire más country, más fronterizo. Como si Calexico sonaran a grupo maquetero.
9. My baby's gone.