Sello: Constellation Records
Distribución en España: Green Ufos
Fecha de edición: 11 de septiembre
Formatos: CD/ 2xLP

9/10

Puede sonar a tópico, pero un disco en el que se dan cita a) uno de los cantautores americanos vivos más interesantes y personales de los últimos 15 años, b) un miembro de una de las bandas más respetadas del mundo (Guy Picciotto de Fugazi ), c) el cabecilla de los más-citados-que-escuchados Godspeed You! Black Emperor y d) la Thee Silver Mt. Zion Orchestra & Tra-la-la Band al completo, dirigidas por e) un tipo tan ajeno a esto de la producción musical como Jem Cohen, director de cine y autor de, entre otras cosas, el alucinante y multiorgásmico documental sobre Fugazi, Instrument, y que está editado en f) uno de los sellos más cuidadosos, honestos y dedicados del underground terrenal (Constellation Records), es más probable que esté más cerca ser considerado el mejor disco del año, que de ser recordado como una mera anécdota.

Y no es por apostar a caballo ganador, pero el que quiera superar esto va a tener que hacer algo nunca visto en un estudio (y probablemente ilegal) y mucha gimnasia. Así que, mientras alguien lo intenta, Vic Chesnutt redecora su vida con músicos con los que era complicado relacionarle a priori, y con un disco cuyo principal valor no sólo está en unas canciones, de un nivel y una belleza incontestables, sino en que mantiene la personalidad de su elemento principal –Vic, por supuesto–, sin que éste acabe engullido por sus propios colaboradores. Es decir: esto no es una suma de partes, sino el ensamblaje perfecto de una serie de personas tocadoras de instrumentos en la música de otro, para, entre todos, llevar las canciones del bueno de Chesnutt a un nivel superior, inalcanzable.

Este disco es insoportablemente bueno, está insoportablemente bien pensado y está insoportablemente bien grabado. De esas cosas que te dan rabia que sólo cuesten quince euros porque, en comparación con lo que ofrecen, da vergüenza ponerles un precio.


* Nota para los no iniciados, que los habrá seguro: Vic Chesnutt es un cantautor americano nacido en Jacksonville, Florida, en 1965 (todo esto según la dudosa wikipedia) y que se quedó parapléjico a los 18 años. Ésto no fue impedimento para seguir tocando en la ciudad donde vivía, Athens, Georgia, ni para ser descubierto por Michael Stipe, de REM, que además de declararse fan, le produjo los dos primeros discos. Sí, tuvo problemas con el alcohol –su tercer disco se llamó Drunk (1993) y lo grabó completamente borracho–. Sí, tuvo problemas con las drogas. Sí, tuvo problemas familiares. Y sí, nada de todo esto le ha impedido ser uno de los personajes más admirados, solicitados e influyentes desde mitad de los años noventa en la interminable escena americana. Ha participado con Lambchop, por poner un ejemplo, y sigue siendo miembro de esa superbanda de perdedores llamada Undertow Orchestra junto a David Bazan (Pedro the Lion), Will Jonson (Centro-matic, entre otros) y Mark Eitzel (American Music Club).


‘North Star Deserter’ canción por canción.

1. Warm. Como si estuviera cantando a un niño, Vic Chesnutt
abre el disco con una nana que comienza diciendo “Tu cuerpo es cálido”. Suena una guitarra de cuerdas de nylon. Destartalada. Tocada de abajo a arriba. Él solo, a pecho descubierto.

2. Glossolalia. La oscuridad. Con un acompañamiento fúnebre y
al borde del abismo, el final de esta canción con miles de planos de la voz de Vic entremezclados, recuerda a lo que está haciendo últimamente Matt Elliott, después de haber descubierto la música balcánica. Creo que es mi canción preferida del disco. Al menos hoy. Primera aparición de Thee Silver Mt. Zion Memorial Orchestra & Tra-la-la Band.

3. Everything I Said. Primera canción del disco con batería y con acompañamiento de guitarras distorsionadas y órgano a punto del acople. Las estrofas te remolcan hasta lo alto de una montaña, con cuidado, con la seguridad del que sabe que, una vez en lo alto, la vista será irrepetible. Nunca Chesnutt se puso tan ruidoso.

4. Wallace Stevens. Vuelve la calma. La canción de autor. Las cosas que contar. Suena tan bonito el disco, tan natural, que no parece que los músicos supieran que lo que estaban tocando se estuviera grabando.

5. You Are Never Alone. ¿Se puede hacer una canción con una melodía apacible en la que se cuenten miserias de tal calibre que suene pornográfica? Se puede. Recordemos: Vic Chesnutt está en silla de ruedas desde los 18 años. Y aquí habla de abortos, de su bypass cuádruple en el corazón y de la religión. Esto es venir venenoso, y no lo de Antonio Carmona.

6. Fodder On Her Wings. Versión terminal de un tema que popularizó Nina Simone, pero esta vez utilizando únicamente una guitarra, una voz dislocada y unos arreglos de viento tan sutiles como certeros. Para los que les gusta hacerse un poco de pupa en dos minutos y algo. Tremendo.

7. Splendid. Dibujando paisajes amenazadores. Quizás la canción mejor cantada del disco. Vaya estribillo. Cualquier publicista con dos dedos de frente (y valor), utilizaría la melodía central para anunciar su producto. Cualquier producto.

8. Rustic City Fathers. Premio al Título de Canción Más Original. Otra historia de errores y dolores. Lenta, siniestra, difícil.

9. Over. Igual de cadenciosa que la anterior, pero menos asfixiante musicalmente hablando. “Todo esto es tan bueno como la muerte”, canta sin inmutarse.

10. Debriefing. Me jugaría todos los dedos de los pies a que esa guitarra saturada y grasienta es la de mi muy querido Guy Picciotto. Oh sí. Empezó siendo mi favorita del disco. Si la sacaran en 7”, me compraría yo solo toda la tirada para luego regalar las copias entre mis amigos. Me vuelve loco, me hace mover el cuello y hacer tap tap tap con el pie todo el puto rato.

11. Marathon. Más parecida a Rustic City Fathers y a Over que a Debriefing o Glossolalia: lenta, sencilla e infinitamente triste.

12. Rattle. Maravilloso final en el que parece que Vic Chesnutt se va a salir de tu aparato y va a tocar directamente en tu salón. “Keeping it on the road”, dice una y otra vez. Minuto y medio. Todos muertos. La hostia.